Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2007.

DEJATE LLEVAR

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     El otro día tuve una conversación muy interesante con una amiga sobre la manera de ver la vida, de afrontarla, de observarla con serenidad, de disfrutarla. La idea es suya. Yo tuve la suerte de escucharla. Aquí os la intento transmitir.

    En la vida a menudo esperamos que nos ocurran unas determinadas cosas concretas. Pero la vida lleva un curso que nadie conoce (Quizás lo conoce Dios?). Si todas esas cosas que anhelamos luego no se cumplen, llega la frustración. Pero si no anhelamos nada en concreto. Si simplemente vivimos la vida disfrutándola y dejándonos llevar por el desarrollo de los acontecimientos, sin forzar nada, sin esperar nada en concreto, no viene luego ninguna frustración. Agradecemos cada cosa que llega de buena y no nos entristecemos porque no lleguen otras que habíamos anticipado...

    Uno tiene todo el derecho a querer que su vida sea feliz, disfrutando de lo que hace y estando rodeado de la gente que uno quiere. Bien, eso es bastante general y factible. Pero si deseamos cosas más concretas, detalles geográficos, tipos de personas, etc, es difícil que luego estos coincidan con la realidad final.

    Claro, uno puede pensar: Quiero acabar encontrando a la mujer (u hombre) de mi vida, que sea educado, inteligente, que me quiera, alto, bajo, rubio, moreno... Querría estar casado/a dentro de 3 o 4 años y tener 2 o 3 hijos... y trabajar en tal trabajo en tal ciudad... y que mis hijos luego sean así o asá o que estudien y trabajen en esto o en esto otro...

    Así, seguramente, llegará el desengaño. Porque la vida lleva un curso cambiante y su futuro es desconocido. El futuro será uno, el que sea. Y habrá que ir adaptándose a las oportunidades de la vida, coincidan o no con nuestros anhelos. La chica podrá ser rubia en vez de morena (o no aparecer), tu trabajo saldrá en otra ciudad, quizás tengas hijos o no. Y si los tienes, como personas individuales que son, decidirán ellos qué tipo de vida llevan y no tú (te limitarás a alimentarles y transmitirles una educación y unos valores).

    Al final llegará o no esa persona, llegará o no ese trabajo, esa ciudad u otras, esa enfermedad que no esperabas, ese acontecimiento que cambió tu vida, esa otra persona que tú no esperabas pero que apareció...

Si no esperamos nada en concreto, luego no llegará la decepción. Si observamos la vida de forma serena. Si nos dejamos llevar, sin forzar nada, agradeceremos todo aquello que llegue nuevo e iremos aprovechando las nuevas oportunidades que aparezcan. Si no hay anhelos previos concretos, cada oportunidad que llegue será aprovechada en su momento. Viviremos la vida que nos toca vivir. Viviremos felices la película de nuestra vida, no la película que quisimos montarnos y que, probablemente, luego no  discurrió de esa manera. Disfrutaremos descubriendo el curso de nuestra película, única e irrepetible. Maravillosa.

    Déjate llevar, “Go with the flow”. Observa la vida... No corras... Para... Medita... Pasea... Siente el aire en tu cara... La luz en tus ojos... Piensa... Escucha... Escucha a los que te enseñan cosas nuevas. Imprégnate de sabiduría. Aprende... Aprende a descubrirte a ti mismo. Así, uno aprende a vivir la vida que le llega. Porque la que tenga que ser, será. Acéptala como llegue. Acéptala como un regalo. Porque la vida es un regalo... irrepetible.

Jorge (inspirado en una reflexión de una amiga)

 

01/09/2007 15:06 Autor: Jorge García-Dihinx Villanova. #. Hay 3 comentarios.

APRENDER A VER LA VIDA CON PERSPECTIVA

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     Cada cosa que nos ocurre en la vida, cada persona que conocemos, cada suceso nos afecta de una forma. Reaccionamos con un sentimiento, sea negativo o positivo, pero opinamos, valoramos, juzgamos… Reaccionar es algo natural.

Esa será nuestra primera impresión, que quizás se separe mucho de la opinión definitiva. Ésa última será la importante.

Los lugares, paisajes, ciudades… no podemos verlos estando dentro de ellos, sino alejándonos de ellos. Es necesario subir a un globo para poder verlos… en perspectiva. Y desde allí arriba uno piensa: Andaa, cómo se ven las cosas desde aquí… Uno ve cómo es España, precisamente, viajando fuera de España. Nos vemos desde fuera y vemos que somos diferentes a otros países. Igual con las personas. Las conoces y, con el paso del tiempo y alejándote un poco de ellas… llegas entonces realmente a verlas. Ves la belleza que no podías ver estando tan cerca. En la vida, esa perspectiva, necesaria, imprescindible para otorgarle el valor justo a las cosas o a las personas, la da el tiempo

El tiempo nos permite confirmar nuestros sentimientos (o cambiarlos). La vida nos proporciona ese tiempo, esa madurez de sentimientos, ese marco de referencia, esa perspectiva para dar el valor adecuado a las cosas. Ese tiempo, tan necesario, nos confirma la bondad de las personas o también el alcance real de un daño, de algo que nos pareció horrible de entrada.

Los amigos son más verdaderos conforme pasa el tiempo. Llegan situaciones nuevas… y siguen siendo tus amigos. Son mejores amigos pues te conocen más. Esa amistad tiene mucho más valor que la amistad del nuevo amigo, que puede desaparecer tan rápida como llegó. Esa nueva chica, esa nueva sensación de felicidad, ese nuevo trabajo, necesitan madurar. Necesitan perspectiva para ser valorados con criterio. Es el tiempo el que pone a cada situación y a cada persona en el altar que le corresponde.

De ahí el no querer adelantar opiniones, el no juzgar, el ser prudentes, pacientes. Dejar que el tiempo nos de claridad, luz, sin prisas, dejando que las cosas vayan posándose lentamente, cada grano de arena, cada piedrecita ocupando su lugar. A veces no será suficiente el tiempo. Hará falta espacio. Deberemos separarnos, alejarnos, mirar desde fuera, observar, sentir… y luego volver. Entonces comprender las cosas, a las personas, a nosotros mismos. Supongo que es como meditar. Irse para luego volver, más sabio, más feliz.

Jorge

 

06/09/2007 02:27 Autor: Jorge García-Dihinx Villanova. #. Hay 1 comentario.

VIVE DEPRISA, MUERE JOVEN

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En este mundo de hoy en que vivimos, “peligrosamente” (como el título de la película), podemos agotar nuestra existencia vital sin llegar a vivirla realmente. Así está a punto de sucederle a Ricardo Darín en “El hijo de la novia”, al que un infarto de corazón está a punto de arrebatarle su vida. Ese episodio le hace darse cuenta de la vida que estaba viviendo. La vida de otros, al servicio de otros, corriendo de aquí para allá, siempre corriendo, huyendo... huyendo de quién? De sí mismo. Uno, por más que corra nunca puede dejar atrás a sí mismo. Siempre está contigo, por mucho que corras. Entonces, como no lo puedes dejar escapar, uno se enfrasca en continuas actividades para no estar quieto consigo mismo ni un segundo. Y no paramos de hacer y hacer cosas para no estar a solas con nosotros mismos, con nuestros seres queridos, sin disfrutar de nuestra vida.

            Vida acelerada por los adelantos técnicos, que en vez de ahorrarnos tiempo para nosotros, nos obligan a hacer aún más cosas. Para qué? Para quién? Para enriquecer a los poderosos, que nos utilizan para producir más y más. 

           Antes costaba 3 horas ir de Zaragoza a Madrid. Ahora con el AVE te plantas en 1 h y 20 minutos. Qué adelanto! Qué delicia! Pero... dedicamos la 1 h y 40 minutos ahorrados en dar un relajante paseo por el Retiro? No, hacemos más viajes, más rápido. Más viajes a Madrid, a todos sitios. Praga y Budapest en 4 días, Londres en 48 horas con Ryan-Air. Disfrute de un “rápido” fin de semana en Inglaterra. Haga muchas fotos, para así poderlas disfrutar en la pantalla de su ordenador a la vuelta, ya que, durante su viaje, sólo tendrá tiempo de apretar rápidamente el disparador de su cámara antes de coger el siguiente metro al Tower-Bridge (menos mal que la vuelta completa en el London Eye dura 1 hora, así los turistas pueden por fin sentarse un rato y parar de ir de un lado para otro).

            Correr, ir de aquí para allá, trabajar, trabajar mañana y tarde, no parar... y un día, morir. Y tu vida? Se terminó? De qué servía el éxito externo si no tenías éxito interno? Viste a tus hijos crecer? Jugaste con ellos? Amaste a tu mujer cada día? O serviste a tu país para enriquecer a sus poderosos de arriba, a su presidente, al gerente de tu empresa o de tu hospital? Y tú...? 

           Las madres vuelven a valorar la lentitud de la vida vivida con ilusión cuando ven esa ilusión e inocencia en sus niños. La maternidad (y la paternidad) quizás nos devuelven un significado de la vida que el frenesí de este mundo parece habernos robado. El niño crece despacio (no puede andar o hablar antes del año), con alegría, inocencia, humildad y unas terribles ganas de aprender y absorberlo todo. Creo que el adulto con espíritu joven, lleno de vida, es el que se parece más a esos niños, disfrutando de cada pequeña cosa que conoce, como si fuera la gran maravilla de su vida. En los ojos de todos los niños se puede ver esa ilusión, esa inocencia, esa sabiduría. Por suerte, en los ojos de algunos adultos, también.            Jorge

P.D: Por cierto, los de la foto somos mi hermano Pedro, mi hermana María y yo, sería 1978 o así...

 

27/09/2007 09:05 Autor: Jorge García-Dihinx Villanova. #. Hay 2 comentarios.


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