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IN MEMORIAM: Dr. Luis García-Dihinx 29/9/1940 - 23/7/2009

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Foto de mi padre este pasado 9 de mayo de 2008, hace 14 meses, durante su cena de jubilación

Os dejo las líneas que hemos leído hoy 24 de julio de 2009 en la misa funeral por mi padre.

Lectura Misa Funeral por Luis García-Dihinx

Viernes 24 de julio de 2009, Iglesia del Perpetuo Socorro, Zaragoza.

 

Gracias a todos por estar aquí hoy, para recordar a mi padre, Luis García-Dihinx

 

¿Qué puedo deciros de mi padre que no sepáis?

Hoy mismo leíamos en el Heraldo de Aragón que Luis era un eminente cirujano, de los mejores de Europa en su especialidad. En cirugía de la cadera era de lo mejor que ha habido,

Mi padre la persona más honesta e íntegra que he conocido. Enamorado de su profesión y de mi madre. Eran sus dos grandes amores. Luego nosotros, claro

 

“Don Luis”. Así le llamaban en el hospital. Estos últimos días he podido comprobar que a mi padre se le tenía un respeto y una veneración profundas. Tanto sus compañeros como los pacientes a los que trató. Sus casi 40 años de trabajo y dedicación a la traumatología habían dejado una huella imborrable en todos. Nos dejó un ejemplo a seguir.

 

En casa veíamos a mi padre radiante con su profesión. Se dedicaba a sus pacientes con una entrega total. Estudiando cada día para mejorar. Le veíamos cada noche, en su despacho, consultando libros e investigando con las últimas revistas de la especialidad. Siempre con las radiografías de la operación del día siguiente colocadas en el negatoscopio. Las observaba despacio y examinaba a conciencia. Mi padre no dejaba nada al azar. Entraba a quirófano con todo el caso bien estudiado y habiendo previsto las posibles complicaciones. Siempre decía esta frase: “Los mayores errores quirúrgicos no se cometen con el bisturí en la mano. Sino antes de coger el bisturí”. Era todo un profesional de la medicina. Le gustaba explicar con paciencia y entusiasmo las cosas a cada paciente. Se le veía en la mirada. Una mirada de dedicación, de respeto, de seriedad con lo que hacía, de amor por lo que hacía. Mi padre amaba lo que hacía.

A mi padre le hubiese encantado que yo siguiese sus pasos y me hiciese cirujano como él, y diese además continuidad a su consulta. Un montón de pacientes agradecidos a los que había que seguir cuidando. Pero más importante que eso era para él verme feliz y cuando entendió que prefería otra rama de la medicina que no la quirúrgica, me dijo “Jorge, tu haz lo que a ti más te guste. Lo que te haga más feliz” Ahora soy Pediatra y me encanta. Y me alegra recordar que mi padre me ayudó a elegir bien

 

Algo que os puedo asegurar es que nuestro padre fue muy feliz. Lo sé. Lo sé por la vida familiar que ha tenido y por la magnífica mujer que ha estado a su lado durante 40 años. Pero también sé que fue feliz porque después de curar con esas manos mágicas a cada uno de sus pacientes, éstos, agradecidos, se lo recordaban en cada consulta, en cada encuentro fortuito por el hospital, o por la calle, o por Navidad, o varias veces en un mismo día. Le decían “Don Luis, me ha dado usted la vida”. La cantidad de veces que he oído que le decían eso. O las veces que nos lo decían a nosotros, a sus hijos. Qué orgullosos nos quedamos los hijos cuando te hablan así de tu padre. Y qué feliz y qué querido se debía sentir papá con tanto cariño.


 

Gran parte de esta felicidad se la debe a mi madre. Así es.

Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Más aún en este caso. Mi madre lo quería como nadie y lo apoyaba cada día. Le ayudaba por las tardes en la consulta y ella también veía ese amor y dedicación por su profesión. Ella le daba esa alegría y espontaneidad que necesitaba mi padre, de carácter más tímido y reservado.

A mis padres les dijeron un día: Quereros y cuidaros. En el amor y en la adversidad, en la riqueza y en la pobreza, en la salud (40 años) y en la enfermedad (estos últimos 3), hasta que la muerte os separe. Y no os podéis imaginar todo el amor que le ha dado mi madre estos últimos años.

 

En esta última etapa, una desgraciada enfermedad degenerativa apartó a mi padre de la medicina y lo fue diezmando poco a poco, quitándole inicialmente su raciocinio, su comunicación, su habla. Luego se fueron deteriorando otras funciones más sencillas.

Han sido tres años duros para todos, pero sobretodo para mi madre, pues el comienzo de su enfermedad coincidió en el tiempo con el accidente de mi hermano. Así, ella ha tenido que cuidar a la vez de ambos.

En estos tres años, ningún día ha dejado mi padre de sentirse querido. Nosotros lo hemos seguido viendo en su mirada. Cuando lo sacábamos a pasear siempre acababa queriendo volver a casa. Era donde mejor se encontraba. No pasó un solo día sin los suyos, en su casa. Y en casa, sentado con nosotros, le veíamos sonreír. Se sentía a gusto. Se sentía querido. Se sintió así hasta el final.

 

Y hoy estáis aquí todos vosotros, para recordar a Luis y darle vuestro último adiós.

 

Gracias a los que hasta aquí habéis venido mostrando vuestro reconocimiento y aprecio hacia él. Todos los que lo queríais tanto. Los que seguís queriéndolo tanto. Él estará ahora orgulloso viéndoos desde allí arriba.

 

En nombre de mi madre, mis hermanos y de toda la familia, muchísimas gracias a todos por acompañarnos hoy.

 

Jorge

24/07/2009 17:14 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 14 comentarios.

LA NIEVE Y EL AMOR

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El pasado viernes 9 de enero estaba de guardia en el Hospital de Calatayud viendo por la ventana cómo caían copos sin parar a media tarde. Pero no cuajaba inicialmente. Me fijaba cómo cada copo llegaba a la base de la ventana, duraba uno o dos segundos antes de derretirse y desaparecer. A los pocos segundos caía otro justo en el mismo lugar donde el anterior había fundido segundos antes. Y el proceso volvía a repetirse: fundía y no daba tiempo a que otro copo montara al anterior y empezara a cuajar. Así estuvo un tiempo.

Más tarde, cuando ya caía la noche, empezó a nevar con más fuerza y entonces sí que empezó a cuajar. Se acumulaban centímetros sin que nada ni nadie pudiera evitarlo. Estuvo nevando durante 3 horas y los espesores en la calle llegaban a los 8 cm. Era increíble... Una verdadera postal navideña.

Y dejó de nevar. Pero la nieve allí se quedaba. Donde nadie tocaba la nieve, donde no pasaban coches por la carretera, la nieve seguía durante horas y así siguió durante toda la noche, sin perder ni un milímetro de espesor. Había tardado varias horas en empezara cuajar, pero una vez formada la capa de nieve, ésta permanecería inalterada mientras las temperaturas no superaran los 0ºC.

Y pensé que algo parecido ocurre con el amor. De entrada no surge a la primera de cambio. Ni con dos cafés, ni con dos ramos de flores, ni con 8 mensajes de móvil, ni con un par de noches románticas o 4 comidas agradables. Son dosis iniciales necesarias pero no suficientes para que “cuaje” de verdad.

Pero si los estímulos se mantienen en el tiempo... al final, el amor “cuaja”. Y vaya que si cuaja. Aumenta cada día al principio como la espuma. La capa de amor va subiendo centímetros conforme sigue “nevando”. Y luego, si se cuida, no se va... (Mira mi madre con mi padre).

Si la temperatura no supera los 0ºC, es decir, si sigue habiendo ese ambiente adecuado de confianza, respeto y cariño, no necesita de más nieve. Basta una temperatura “adecuada” para mantener ese amor. Es suficiente con eso. Así, el amor persiste, dura y sigue bello y blanco durante semanas, meses o años...

Las caras norte de nuestros Pirineos apenas ven el sol en invierno y así, aunque no haya nevado en semanas, a veces seguimos encontrando nieve polvo, fresca, sin transformar. Pues allí, en la zona umbría, la temperatura ha sido la adecuada para mantener ese “amor” que hace que la nieve siga fresca.

Es tan bello como eso. Y ojo, tan frágil como eso. Pues de nuevo, basta con que la temperatura suba unos grados, basta que se acabe ese clima adecuado para el amor, para que éste vaya fundiendo y desapareciendo... Como igual lo hace la nieve en cuanto ve el sol y se calienta. Desaparece poco a poco. Tardará más cuanto mayor sea el espesor, pero al final, si sigue sin temperaturas adecuada, desaparecerá. Para permanecer necesita condiciones apropiadas durante casi todo el tiempo. Y así, me atrevería a decir que los glaciares son los mejores ejemplos de amor duradero, casi eterno (aunque nada es eterno). Allí, en esa altura y esa orientación norte, umbríos casi todo el año, las nieves son perpetuas y aguantarán incluso los meses más difíciles, en pleno verano, cuando todo parece derretirse y secarse. Ellos tienen las condiciones apropiadas: altura, orientación y temperatura ideales para mantenerse vivos. Ellos son el ejemplo que nos estimula a creer que, también en el amor, puede ser posible encontrar nieves perpetuas, amor duradero, verdadero.

Bien aventurados los que lo encuentren y lo cuiden, cada día, pase lo que pase.

Jorge

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P.D: En la foto, las nieves perpetuas del Glaciar de Monte Perdido, fotografiadas este pasado septiembre de 2008.

 

10/01/2009 11:51 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 12 comentarios.

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BUSCAMOS PRODUCTIVIDAD O CREATIVIDAD?

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La sociedad demanda éxito, resultados, números, producir, producir... Pero, ¿Hace eso feliz a la persona individual? ¿Qué fue del crear... por el placer personal de crear?

Van Gogh vivió sin un céntimo hasta el día que murió. Pero era un hombre feliz. Hacía lo que le gustaba. Se pasaba días pintando, expresando toda su pasión, su arte, creando maravillas de la nada (incomprendidas y no reconocidas en su tiempo). No tuvo éxito exterior, pero sí satisfacción interior. Pudo haber realizado cualquier trabajo rutinario que le diera un sueldo para comer. Pero prefería estar días pintando, sin comer, sin otra luz que la de las farolas de la calle por las noches. Se reían de él. No ganaba un céntimo. Sus cuadros llenaban los trasteros de las casas (hoy sus cuadros se buscan en los trasteros de Holanda y su valor alcanza 40 millones de dólares en las subastas). Hoy sería un hombre de gran reconocimiento, de gran renombre, de éxito exterior. Él no lo necesitaba. Hacía lo que amaba: crear. No hizo lo que la sociedad esperaba de él: producir. Pero creo que fue feliz.

Los países avanzan por la producción, cierto, pero, redunda eso en la felicidad individual de las personas? Somos más felices ahora que producimos tanto? Quién es más feliz? El que amasa millones o el que se siente alegre con lo que hace... aunque le llegue justo para vivir? A cada uno de responder. A cada uno de elegir. Seguridad? Reconocimiento? Fama? O bien paz interior, abandono, relajación, simple gozo de crear?

Osho dice: “La creatividad se da en un estado de abandono. La productividad necesita tensión, ansiedad, hacer, el ego, el reconocimiento. La creatividad no requiere reconocimiento, un ego, un hacedor. Sólo el puro gozo de crear”.

Pienso que todos hemos estado en ambos extremos. Hemos sufrido esa ansia por hacer, por producir, por dejar una huella, por conseguir un reconocimiento. Pero también hemos hecho cosas por el simple placer de hacerlas, proporcionaran o no reconocimiento, produjeran riqueza o no. Nos proporcionaban riqueza interior, felicidad.

La felicidad está en lo que hace cada uno consigo mismo. No en lo que los demás piensan de nosotros, de lo que hacemos (o por lo menos, así debería ser). El ego nos puede. La insatisfacción la compensamos con acción, con producción, con ajetreo. Una huída. Todos lo hemos hecho. Pero, de vez en cuando, uno consigue ser feliz con lo que hace, sea o no reconocido, produzca o no. Creo que esa es la felicidad más pura. Es nuestra, no depende de nadie más. Es sincera, honesta con uno mismo. No necesita el reconocimiento de los demás.

Jorge

P.D: La foto está sacada en Ordesa este 24 de octubre de 2007. Qué colores había...

 

05/10/2007 10:58 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 11 comentarios.

VIVE DEPRISA, MUERE JOVEN

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En este mundo de hoy en que vivimos, “peligrosamente” (como el título de la película), podemos agotar nuestra existencia vital sin llegar a vivirla realmente. Así está a punto de sucederle a Ricardo Darín en “El hijo de la novia”, al que un infarto de corazón está a punto de arrebatarle su vida. Ese episodio le hace darse cuenta de la vida que estaba viviendo. La vida de otros, al servicio de otros, corriendo de aquí para allá, siempre corriendo, huyendo... huyendo de quién? De sí mismo. Uno, por más que corra nunca puede dejar atrás a sí mismo. Siempre está contigo, por mucho que corras. Entonces, como no lo puedes dejar escapar, uno se enfrasca en continuas actividades para no estar quieto consigo mismo ni un segundo. Y no paramos de hacer y hacer cosas para no estar a solas con nosotros mismos, con nuestros seres queridos, sin disfrutar de nuestra vida.

            Vida acelerada por los adelantos técnicos, que en vez de ahorrarnos tiempo para nosotros, nos obligan a hacer aún más cosas. Para qué? Para quién? Para enriquecer a los poderosos, que nos utilizan para producir más y más. 

           Antes costaba 3 horas ir de Zaragoza a Madrid. Ahora con el AVE te plantas en 1 h y 20 minutos. Qué adelanto! Qué delicia! Pero... dedicamos la 1 h y 40 minutos ahorrados en dar un relajante paseo por el Retiro? No, hacemos más viajes, más rápido. Más viajes a Madrid, a todos sitios. Praga y Budapest en 4 días, Londres en 48 horas con Ryan-Air. Disfrute de un “rápido” fin de semana en Inglaterra. Haga muchas fotos, para así poderlas disfrutar en la pantalla de su ordenador a la vuelta, ya que, durante su viaje, sólo tendrá tiempo de apretar rápidamente el disparador de su cámara antes de coger el siguiente metro al Tower-Bridge (menos mal que la vuelta completa en el London Eye dura 1 hora, así los turistas pueden por fin sentarse un rato y parar de ir de un lado para otro).

            Correr, ir de aquí para allá, trabajar, trabajar mañana y tarde, no parar... y un día, morir. Y tu vida? Se terminó? De qué servía el éxito externo si no tenías éxito interno? Viste a tus hijos crecer? Jugaste con ellos? Amaste a tu mujer cada día? O serviste a tu país para enriquecer a sus poderosos de arriba, a su presidente, al gerente de tu empresa o de tu hospital? Y tú...? 

           Las madres vuelven a valorar la lentitud de la vida vivida con ilusión cuando ven esa ilusión e inocencia en sus niños. La maternidad (y la paternidad) quizás nos devuelven un significado de la vida que el frenesí de este mundo parece habernos robado. El niño crece despacio (no puede andar o hablar antes del año), con alegría, inocencia, humildad y unas terribles ganas de aprender y absorberlo todo. Creo que el adulto con espíritu joven, lleno de vida, es el que se parece más a esos niños, disfrutando de cada pequeña cosa que conoce, como si fuera la gran maravilla de su vida. En los ojos de todos los niños se puede ver esa ilusión, esa inocencia, esa sabiduría. Por suerte, en los ojos de algunos adultos, también.            Jorge

P.D: Por cierto, los de la foto somos mi hermano Pedro, mi hermana María y yo, sería 1978 o así...

 

27/09/2007 09:05 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 4 comentarios.

APRENDER A VER LA VIDA CON PERSPECTIVA

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     Cada cosa que nos ocurre en la vida, cada persona que conocemos, cada suceso nos afecta de una forma. Reaccionamos con un sentimiento, sea negativo o positivo, pero opinamos, valoramos, juzgamos… Reaccionar es algo natural.

Esa será nuestra primera impresión, que quizás se separe mucho de la opinión definitiva. Ésa última será la importante.

Los lugares, paisajes, ciudades… no podemos verlos estando dentro de ellos, sino alejándonos de ellos. Es necesario subir a un globo para poder verlos… en perspectiva. Y desde allí arriba uno piensa: Andaa, cómo se ven las cosas desde aquí… Uno ve cómo es España, precisamente, viajando fuera de España. Nos vemos desde fuera y vemos que somos diferentes a otros países. Igual con las personas. Las conoces y, con el paso del tiempo y alejándote un poco de ellas… llegas entonces realmente a verlas. Ves la belleza que no podías ver estando tan cerca. En la vida, esa perspectiva, necesaria, imprescindible para otorgarle el valor justo a las cosas o a las personas, la da el tiempo

El tiempo nos permite confirmar nuestros sentimientos (o cambiarlos). La vida nos proporciona ese tiempo, esa madurez de sentimientos, ese marco de referencia, esa perspectiva para dar el valor adecuado a las cosas. Ese tiempo, tan necesario, nos confirma la bondad de las personas o también el alcance real de un daño, de algo que nos pareció horrible de entrada.

Los amigos son más verdaderos conforme pasa el tiempo. Llegan situaciones nuevas… y siguen siendo tus amigos. Son mejores amigos pues te conocen más. Esa amistad tiene mucho más valor que la amistad del nuevo amigo, que puede desaparecer tan rápida como llegó. Esa nueva chica, esa nueva sensación de felicidad, ese nuevo trabajo, necesitan madurar. Necesitan perspectiva para ser valorados con criterio. Es el tiempo el que pone a cada situación y a cada persona en el altar que le corresponde.

De ahí el no querer adelantar opiniones, el no juzgar, el ser prudentes, pacientes. Dejar que el tiempo nos de claridad, luz, sin prisas, dejando que las cosas vayan posándose lentamente, cada grano de arena, cada piedrecita ocupando su lugar. A veces no será suficiente el tiempo. Hará falta espacio. Deberemos separarnos, alejarnos, mirar desde fuera, observar, sentir… y luego volver. Entonces comprender las cosas, a las personas, a nosotros mismos. Supongo que es como meditar. Irse para luego volver, más sabio, más feliz.

Jorge

 

06/09/2007 02:27 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 4 comentarios.

DEJATE LLEVAR

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     El otro día tuve una conversación muy interesante con una amiga sobre la manera de ver la vida, de afrontarla, de observarla con serenidad, de disfrutarla. La idea es suya. Yo tuve la suerte de escucharla. Aquí os la intento transmitir.

    En la vida a menudo esperamos que nos ocurran unas determinadas cosas concretas. Pero la vida lleva un curso que nadie conoce (Quizás lo conoce Dios?). Si todas esas cosas que anhelamos luego no se cumplen, llega la frustración. Pero si no anhelamos nada en concreto. Si simplemente vivimos la vida disfrutándola y dejándonos llevar por el desarrollo de los acontecimientos, sin forzar nada, sin esperar nada en concreto, no viene luego ninguna frustración. Agradecemos cada cosa que llega de buena y no nos entristecemos porque no lleguen otras que habíamos anticipado...

    Uno tiene todo el derecho a querer que su vida sea feliz, disfrutando de lo que hace y estando rodeado de la gente que uno quiere. Bien, eso es bastante general y factible. Pero si deseamos cosas más concretas, detalles geográficos, tipos de personas, etc, es difícil que luego estos coincidan con la realidad final.

    Claro, uno puede pensar: Quiero acabar encontrando a la mujer (u hombre) de mi vida, que sea educado, inteligente, que me quiera, alto, bajo, rubio, moreno... Querría estar casado/a dentro de 3 o 4 años y tener 2 o 3 hijos... y trabajar en tal trabajo en tal ciudad... y que mis hijos luego sean así o asá o que estudien y trabajen en esto o en esto otro...

    Así, seguramente, llegará el desengaño. Porque la vida lleva un curso cambiante y su futuro es desconocido. El futuro será uno, el que sea. Y habrá que ir adaptándose a las oportunidades de la vida, coincidan o no con nuestros anhelos. La chica podrá ser rubia en vez de morena (o no aparecer), tu trabajo saldrá en otra ciudad, quizás tengas hijos o no. Y si los tienes, como personas individuales que son, decidirán ellos qué tipo de vida llevan y no tú (te limitarás a alimentarles y transmitirles una educación y unos valores).

    Al final llegará o no esa persona, llegará o no ese trabajo, esa ciudad u otras, esa enfermedad que no esperabas, ese acontecimiento que cambió tu vida, esa otra persona que tú no esperabas pero que apareció...

Si no esperamos nada en concreto, luego no llegará la decepción. Si observamos la vida de forma serena. Si nos dejamos llevar, sin forzar nada, agradeceremos todo aquello que llegue nuevo e iremos aprovechando las nuevas oportunidades que aparezcan. Si no hay anhelos previos concretos, cada oportunidad que llegue será aprovechada en su momento. Viviremos la vida que nos toca vivir. Viviremos felices la película de nuestra vida, no la película que quisimos montarnos y que, probablemente, luego no  discurrió de esa manera. Disfrutaremos descubriendo el curso de nuestra película, única e irrepetible. Maravillosa.

    Déjate llevar, “Go with the flow”. Observa la vida... No corras... Para... Medita... Pasea... Siente el aire en tu cara... La luz en tus ojos... Piensa... Escucha... Escucha a los que te enseñan cosas nuevas. Imprégnate de sabiduría. Aprende... Aprende a descubrirte a ti mismo. Así, uno aprende a vivir la vida que le llega. Porque la que tenga que ser, será. Acéptala como llegue. Acéptala como un regalo. Porque la vida es un regalo... irrepetible.

Jorge (inspirado en una reflexión de una amiga)

 

01/09/2007 15:06 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 3 comentarios.

LA VIDA ES CAMBIO

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La vida es cambio. Las personas buscan (buscamos) estabilidad en nuestras vidas, seguridad, paz. Pero no podemos negar que la vida es un constante cambio. Está viva. Si no cambiara, no sería la vida. La estabilidad tiene que estar dentro de nosotros. Esa estabilidad, esa paz interior es necesaria para ir afrontando los cambios que la vida, inevitablemente, nos traerá, porque nos los traerá. Los trajo, los trae y los seguirá trayendo mientras vivamos. Así es la vida. Viva.

Crecemos, maduramos, aprendemos... cambiamos. Eliges una carrera, tu vida cambia. Eliges una ciudad para vivir, tu vida cambia. Eliges un trabajo, tu vida cambia. Cambias a otro trabajo, tu vida cambia. Aprendes. Eliges a una persona (o ella te elige a ti), tu vida cambia.

Sufres un accidente, tu vida cambia. Una enfermedad (porque a todos nos tocará) y tu vida cambia. Te casas, tu vida cambia. Tienes un hijo, dos, tres, tu vida cambia. Los ves crecer, tu vida cambia. Se van de casa, tu vida cambia. Mueren tus seres queridos (porque la vida es así), tu vida cambia.

Aparecen los ordenadores, internet, los móviles, nos adaptamos a los cambios y así, nuestra vida también cambia. Cambia de rumbo Maradona ante cada entrada de los defensas ingleses y así cambia el recorrido del balón, a cada segundo.

Ansiamos (o ansian muchos) la famosa “plaza fija”. Ninguna lo es. No quiero que lo sea. No quiero que sea fija. Fija me suena a aburrida, estéril, sin vida. Quiero que sea dinámica, que me permita aprender, mejorar, cambiar de plaza, cambiarme. Frustrarme a veces, aprender la lección, de los errores, cambiar con cada error a otro Jorge, nuevo cada día, mejorado, curtido, con las cicatrices que la vida conlleva, que nos moldea, que nos cambia, que nos deja vivir acariciándonos a cada día, cambiándonos, a veces de forma sutil y lenta y otras de forma brusca. Cambios no siempre agradables, pero cambios que ahí están, estuvieron y estarán, hasta el día en que dejemos este mundo.

Y ese día, este mundo tendrá una huella dejada por nosotros (o varias) y miles de cambios realizados en él durante nuestra vida y... los que tengan suerte, la trascendencia de unos hijos que sigan viviendo después de ti. Que transmitan a otros los valores que tú les enseñaste. Por ejemplo, el valor para cambiar uno mismo, cada día.

Jorge

 

25/08/2007 17:29 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 1 comentario.

TENER COSAS O DISFRUTAR DE ELLAS?

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Las cosas de la vida se disfrutan, se posean o no. Incluso creo que a menudo se disfrutan más las cosas que no se poseen. Sólo se puede poseer un número limitado de cosas y sin embargo, durante toda una vida, se puede (y se debe) disfrutar de innumerables otras.

Hace poco Ángel y yo encontramos un paraguas abandonado en una pista del Pirineo. No sabíamos de quién era (le faltaba el mango). Lo cogimos y luego nos sirvió para pasar dos días bajo la lluvia en una travesía por el Parque Nacional de Aigües Tortes y Sant Maurici (Carros de Fuego). Dos días antes de terminar la ruta, se lo dejamos a otro grupo que seguía varios días más, pues sabíamos que nos quedaban dos días de sol y a ellos les podría llover el 3º día. El paraguas no era de nadie. Estaba para ser usado, para ser disfrutado.

Unas semanas antes descubrí con Alicia una diminuta cala al sur de Sant Carles de la Rapita en la que sólo cabían nuestras dos toallas. Era como de cuento de hadas. Esa preciosa cala no era nuestra, pero estuvimos disfrutando de ella durante unas horas... como si lo fuera. Y yo, en verdad, disfrutaba más de ella precisamente porque no era mía. Esa tarde, cuando volvía conduciendo a Zaragoza pensaba... otros estarán disfrutando ahora de esa maravillosa cala solitaria. Y eso me gustaba.

Dos días antes vimos a una pareja intentar volar una cometa al atardecer en la Playa Marquesa del Delta del Ebro. (De esa pareja es la foto de cierre de hoy). Al volver anocheciendo vimos que habían dejado la cometa en la arena. No era de ellos. Al día siguiente, otro niño seguramente jugaría con ella también.

Por alguna extraña razón nos gusta poseer cosas. Un apartamento en la montaña, otro en la playa... Pero, en realidad, hay tantas playas por disfrutar y tantos valles por conocer.

No tengo más casa que donde vivo y, sin embargo, disfruto cada verano de unas semanas al pie de la maravillosa playa de Zarautz y cada vez que puedo me escapo a conocer otros valles del Pirineo. Visito a amigos, pernocto en un refugio, en una casa alquilada, viajo... pero no poseo nada.

Cuantas menos cosas se poseen más libre se siente uno con su riqueza interior. Creo que todo lo que tenemos lo llevamos dentro y que si tuviéramos que saltar al mar desde un barco hundiéndose, todo lo que nos lleváramos debería estar en nosotros.

Es cierto que la posesión de las cosas puede proporcionarnos seguridad, tranquilidad, un legado que ofrecer... pero también pueden suponer una esclavitud por lo que cuesta conseguirlas. El dinero y tiempo invertido en poseerlas nos puede impedir disfrutar de otras muchas cosas de la vida.

Canta Jorge Drexler:

Estamos escuchando a la sombra de nuestra parra una canción que dice que uno sólo conserva lo que no amarra.Y sin tenerte, te tengo a vos... y tengo a mi guitarra.

(y sigue con el estribillo)

Hay tantas cosas... yo sólo preciso dos... mi guitarra y vos... mi guitarra y vos.

Jorge

 

17/08/2007 01:21 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 2 comentarios.

LAS MUJERES SON COMO UNA FLOR

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    En el otoño de 1995, cuando yo preparaba el examen MIR, echaron en el cine “Los puentes de Maddison”. En esa película, Meryl Streep borda el papel de una mujer que vive aburrida con sus hijos y su marido, el cual parece que lleva toda la vida dormido. Entonces un día aparece en ese pueblecito Clint Eastwood, un romántico fotógrafo del National Geographic… y ella vuelve a despertar. Se vuelve a enamorar.

Al final de la película, ella elige seguir al lado de sus hijos y de su marido, a pesar de estar a punto de dejarlo todo por este hombre que la quiere de verdad y que la vuelve a hacer florecer como cuando se casó. Recuerdo cómo me impactó la película.

A la mañana siguiente, estudiando en la biblioteca de enfermería, me puse a escribir unas líneas, inspirado en la película.Hace unas semanas las encontré y me hizo gracia veme escribiendo “reflexiones” a mis 24 años. Esto es lo que escribí por entonces:

Las mujeres son como una flor…

...embellecen nuestra vida con su presencia, con su ternura, con su delicadeza, con su romanticismo, con su belleza… Su belleza exterior y, algunas, si tienes la fortuna de llegar a conocerlas bien, con su belleza interior, que es mucho más pura y, lo más importante, que perdura.Pero las mujeres son flores que necesitan ser regadas y alimentadas, piropeadas, abrazadas, besadas… queridas cada día de sus vidas, desde que nacen hasta que se despiden de la vida, convirtiéndose en una estrella del cielo que iluminará a otros y que nos espera a nosotros.

   Y estas flores, en fin, tan maravillosas, se van nutriendo de distintos abonos y riegos que van encontrando durante sus vidas, que las hacen crecer. Y van probando en su vida jardines donde florecer en toda su amplitud… hasta que al final, un día, encuentran ese jardín fértil, que les da lo que ninguna tierra les ha dado. Que las hace florecer como nunca lo habían hecho. Y así lo hacen, adornándolo, cuidándolo, viviendo y compartiendo su vida en ese jardín.

Y esa flor recibirá un anillo de su jardinero y sonreirá porque va a dedicar su aprendizaje y su belleza a dársela y compartirla con esa tierra, la más fértil que jamás ha encontrado y sobre la que extiende sus raíces, orgullosa y feliz, sintiéndose como dos piezas de un puzzle que encajan a la perfección.Pero entonces el jardinero, el “adorable jardinero” le colocará una etiqueta en el tallo que indica “Señora de tal”, que inconscientemente le hará pensar que ya nunca dejará de florecer, pues tiene la mejor tierra. Que no querrá ni ansiará seguir floreciendo aún más y más cada día.

   Y ese jardinero, que somos a veces los hombres (y me incluyo) se olvidará de que, aun teniendo esa etiqueta de “Propiedad de…”, su flor tiene que seguir siendo regada día a día, todos los días! De que tiene que crecer sin límites… De que sin el riego diario va a marchitarse, envejecer, morirse, dormirse como él o, en algún caso, escaparse!Esto último pocas flores lo llegan a hacer. Resignadas recordando los días en que el riego era lluvia divina y la tierra era fértil como lo es el amor, muchas de esas flores siguen viviendo, disecadas, conservadas, dormidas, dolidas y engañadas. Engañadas por alguien que ni siquiera se da cuenta de que es él quien la ha engañado.

Jorge, un 9 de noviembre de 1995… hace casi 12 años.

 

12/08/2007 22:24 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 7 comentarios.

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS: AMISTAD Y HONESTIDAD

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Hace unos días, una amiga me recomendó leerme este sencillo libro, que se lee en dos sentadas (como ella decía).

No voy a contar de qué trata, pues así mismo lo oculta el autor en el comentario de la contraportada. Lo que sí que quiero comunicar (porque este espacio no es sino para comunicar) es la bondad, la inocencia, la confianza ciega y la honestidad que puede tener un niño de 9 años. Su mundo es fantástico, como el de todos los niños. Ve la vida desde ese prisma de un niño, tan singular. Todo son aventuras y explorar cosas por descubrir como en libros como “La isla del Tesoro”. Así que no llega a darse cuenta de dónde discurren unos meses muy importantes en su vida como niño.

Este libro habla de dos cosas que van firmemente unidas: la honestidad y la amistad. No puede haber una sin la otra. Su escudo para cada situación difícil es decir siempre lo que siente (o casi siempre) y preguntar lo que no entiende como algo natural. La naturalidad, la espontaneidad, la honestidad, son sus mejores aliados. Ellos compensan su baja estatura y su corta edad, en un mundo lleno de adultos (donde también está su hermana, a la que considera tonta de remate).

Y así, conoce un día a su nuevo amigo. Y, el punto que quiero transmitir aquí, es que la amistad, al igual que el amor, es algo que no se pide. Se recibe. Uno no puede pedirle a nadie que le quiera, o que le de su amistad. Aunque sí puede uno ofrecerla. Uno elige ser quien es y, siendo sincero y honesto con el otro, quizás el otro/a elija ofrecerle su amistad, su amor. Es así de simple (y de bello). Creo que la definición de amor que más me gusta consiste en la desinteresada tarea de crear espacio para que el otro sea quien es.

Ojalá guardemos los adultos parte de esa inocencia de la que disfrutamos de niños... antes de ver que esa vida de fantasías no es así en la realidad.

Este precioso libro es para todos aquellos que recuerdan con ternura esa época en que fueron niños y de la que algo conservan todavía.

Jorge

31/07/2007 14:05 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 3 comentarios.

DECIR SIEMPRE LO QUE UNO SIENTE

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    Dice en una frase Gabriel García-Márquez: “Si tuviera un trozo de vida, no diría siempre todo lo que pienso pero pensaría siempre todo lo que digo”. De acuerdo, pero además, a esta frase yo terminaría añadiendo: “Pero todo lo que dijera sería lo que pienso, lo que siento… en resumen, siempre diría la verdad”. Porque nuestra verdad es una, no otra que los demás quieran oír.

     No hay nada más relajante, que más paz interior proporcione, que decir en todo momento lo que uno siente. Pero claro, en esta sociedad, hay que decir lo que conviene, lo que va a agradar al otro. Pero… ¿Qué es lo que va a agradar al otro? ¿Tu mentira piadosa… o tu verdad? Yo no tengo dudas: la verdad. Con educación, de acuerdo. Con tacto, de acuerdo, pero la verdad.

    Señores, lo que es, es. Y esto es así. Nuestra realidad es una y no otra que queramos disfrazar. Es así de simple: “Te quiero” o… “No, no te quiero”. “Me gustas” o “No me gustas”. “Me gustó esta película”. “Pues a mí, no”, “¿A ti, no? Y eso?” “Pues no me gustó por esto y por esto otro.”

     Decir lo que uno piensa no es un defecto ni es una cualidad. Es simplemente lo correcto. No decir la verdad es engañar al otro y engañarnos a nosotros mismos. Decir algo que no sientes, por agradar, es mentir. Y esa mentira o esa “realidad que no es” puede ir perpetuándose hasta no saber uno cómo salir de ella. Ante preguntas indiscretas o difíciles de contestar, siempre podemos abstenernos de responder. Pero no deberíamos mentir. Si alguien te ha mentido en una ocasión y te diste cuenta, luego no sabes cuántas otras veces lo hará y entonces se pierde la confianza. Si uno dice la verdad, siempre se sentirá en paz. Nadie va a venir a decirte qué dijiste o dejaste de decir. Sólo dijiste… la verdad, gustara o no.

     Decir: “Esto no me gustó. Esto me desagrada” es la única forma de conseguir mejorar lo que no funciona del todo bien. En el momento en que contamos nuestra verdad abrimos el puente sincero de la comunicación. El puente necesario para solucionar los problemas. Si algo va mal,  tiene el otro que ser consciente de ello para poder poner juntos soluciones. Si se oculta el problema, no se resolverá nunca. Viviremos una falsa felicidad. Una falsa tranquilidad.

     La sinceridad, la honestidad, la naturalidad son los adornos más bellos de la personalidad. Nadie nos podrá echar en cara que digamos lo que sentimos. Los sentimientos se sienten, no se controlan. Son los que son. Están ahí. Tu opinión es la que es. Si te la piden, la darás. Si eres sincero, honesto, natural… confiarán en ti. Tú confiarás en los demás. Disfrutarás de la paz… Paz para poder vivir feliz.

Jorge

 

26/07/2007 17:34 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 22 comentarios.

EL DINERO NOS DA O NOS QUITA LA FELICIDAD?

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Hay un cuento de Jorge Bucay en el que relata la historia de un poderoso y rico rey que, sin embargo, no era feliz y que envidaba la felicidad de su humilde sirviente. Éste disfrutaba de su trabajo y de la vida con su familia. Siempre contento, amable y feliz con todo lo que hacía. El envidioso rey pidió explicaciones a un poderoso mago y éste, a petición del rey, tentó al sirviente con la “Prueba del 99.

Dejaron un saco con 99 monedas de oro ante su puerta. Cuando las encontró, el sirviente las contó y, viendo que “faltaba una” para las 100 se quedó contrariado. Total, que, en vez de disfrutar de ese inesperado regalo, empezó a elucubrar las maneras posibles de ahorrar y ahorrar con su humilde sueldo hasta conseguir tener las “100” monedas de oro (como si el 99 no fuera un nº estupendo). Empezó a trabajar por las tardes en otro sitio y luego incluso por las noches. No descansaba. Dejó de dedicar tiempo a su familia. Buscó todas las formas de ir ganando más dinero y calculó que, con esa nueva forma de vivir, entregado a ganar más y más, en un plazo de 2 años, conseguiría su moneda nº 100.

Así pues, este sirviente pasó de ser feliz con lo que tenía  a ser infeliz por conseguir esa moneda que, en teoría “le faltaba”. Empezó a estar de mal humor y renegar a menudo. No tenía tiempo para nada ni para nadie. Y así, el Rey vio para su asombro que el sirviente había dejado de ser feliz. Le veía  como a otros hombres, preocupado por ganar y ganar y nunca satisfecho con lo que tenía...

¿Os resulta familiar esta historia a alguno?

Hay gente cuya única ansia es tener y tener más y más dinero... como si más dinero diera más salud, más longevidad, más felicidad. Ah, pero es así?? Anda, y yo sin saberlo. Esa gente trabaja y trabaja para tener más dinero. ¿Trabajan para vivir o viven para trabajar?

Total, que la vida va pasando... y llega un día en que ésta se acaba (porque se acaba, señores. Y sólo hay una) y entonces desaparecen de este mundo y aquí se queda el dinero... ¿Para quién? Ah, para sus hijos, claro... Pero... ¿Uno ha preguntado a los hijos qué es lo que preferían? ¿Unos padres que les atendieran, que les escucharan, que les enseñaran, con quienes jugaran, que disfrutaran de la vida con ellos? ¿O querían una consola de video-juegos y tres apartamentos esparcidos por el país para disfrutarlos cuando ellos ya no estuvieran? (y que no se me enfade nadie que tenga 3 apartamentos).

En el fondo, las mejores cosas de la vida no se pueden comprar con dinero. No podemos comprar salud, no podemos comprar amor, no podemos comprar una familia ni tampoco amigos si queremos que lo sean de verdad. Aunque sí podemos perderlos por dinero… Podemos perder el norte. Perder lo verdaderamente importante en ésta, nuestra única vida: Querer vivirla en plenitud, amar, ser amado, alegrar a los tuyos, leer a tus niños, disfrutar de ellos compartiendo tiempo con ellos, con tus amigos, con tu gente. Disfrutar de la vida. Ayudar a un amigo triste. Estudiar para ser mejor médico, cultivarte y aprender, no dejar nunca de aprender, aprender de todo y de todos. Mejorar. Bañarte en el mar, en un río, en un lago, al atardecer... Todas estas cosas y otras muchas... son gratis. Por eso son irremplazables, no se pueden comprar. Son auténticas.

De acuerdo, el dinero es necesario. Necesario para poder vivir cubriendo unas necesidades fundamentales: un hogar, una alimentación, un medio de transporte, una educación para los hijos, quizás un viaje, unas vacaciones, etc... Pero más allá de eso, el dinero puede ser un verdadero enemigo que nos impida ser felices, por querer llegar a tener “las 100 monedas de oro”.

¿Tienes salud, trabajo, amor? ¿Tener más monedas te hará encontrar esas tres cosas? No, verdad? Porque no es rico el que tiene mucho sino el que es feliz con lo que tiene, como nuestro sirviente, antes de ser tentado por la avaricia.

Sólo se vive una vez... Sólo se tiene 36 años una vez. Sólo una vez tendrá tu hijo 1 año para verle dar su primer paso. La vida termina luego, pronto o tarde, pero termina (que lo sé…). Las 100 monedas de oro allí se quedarán. Todo lo que hayas vivido hasta ese día será el tesoro que habrás disfrutado.

Jorge

 

22/07/2007 22:31 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

SER JOVEN POR DENTRO

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La juventud es un estado mental. No está necesariamente relacionada con la edad. Hay gente joven dormida que ya parecen viejos y gente mayor que desprende un eterno aire juvenil. Todo está en la mente, en nuestro interior, no en las arrugas de la cara. Esas arrugas traducen todo lo vivido, pero no la falta de ilusión por vivir más. Esa ilusión se ve en los ojos, en la actitud de cada día.

La llamada  “juventud” comprende un periodo de edad entre la adolescencia y la edad madura, en el que uno tiene frescura, ilusión, muchas ganas de vivir, un futuro abierto e incierto y un sinfín de posibilidades en la vida, todavía por definir. Pero no hay todavía madurez. (Aunque, personalmente, creo que la madurez completa es algo que no llega a adquirirse nunca).

En cambio, tanto el hombre o la mujer “mayor” pero con un espíritu joven, pueden disfrutar de una juventud mucho más rica que la del joven en años. Pues a esta forma de sentir la vida, añaden la madurez de la que el joven carece. Añaden la experiencia, el marco de referencia o perspectiva de la vida adquirida con los años. De ahí esas frases melancólicas: “Quién tuviera 20 años menos…”. Porque el que tiene 40 o 50 o 60 años piensa todo lo que haría ahora con su juventud si la volviera a tener. Cosas que no se le ocurrieron cuando “era joven”. Pero señores, lo que tenemos que saber es que ésa es una ventaja y no una desgracia. Aprendemos de la vida conforme esta pasa. Conforme vamos adquiriendo experiencia y perspectiva de nuestra propia existencia. Este hombre mayor, con ese marco de referencia sobre la vida pasada y la vida que le queda, con esa madurez adquirida, puede disfrutar de su “juventud interior” siendo más consciente de ella que el joven, al que se le pasa, casi sin darse cuenta. Sin darse cuenta de estar viviendo esa “privilegiada edad” que luego quizás “ya no volverá”. Pero, para algunos, esa privilegiada edad no sólo no se va nunca, sino que es mejor aprovechada cada año que pasa.

Sólo se envejece cuando no se tiene ilusión. Cuando no se ama. Cuando no se ama la vida, la poesía, el sol, tu trabajo, las pequeñas cosas de cada día. A tu mujer… Ese amor a tu mujer, si es verdadero, se mantiene joven hasta el último día de tu vida a su lado. Puedes llamarla “Princesa” con 30 años… y también con 70. Pues todos sabemos que la verdadera belleza es interior, y esa belleza no siempre empeora con la edad, sino que, en muchas ocasiones, mejora. De nuestros labios pueden salir frases como “Cada día estás más guapa, princesa” y uno no está diciendo ninguna mentira al decir esas palabras.

Así, cada año que pasa siendo uno joven por dentro, más consciente se siente de su juventud, más joven se siente también por fuera, con más ilusión, con más amor… en definitiva, más feliz de seguir viviendo.

Jorge, con 36 años, 225 días y 14 horas de vida

19/07/2007 14:38 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

100 RAZONES PARA VIVIR

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     El pasado 29 de junio, 24 horas antes de que mi hermanita diera a luz a su primera hija, estaba yo en el concierto de Sabina y Serrat, cuando Joaquín Sabina habló de una canción titulada algo así como “Más de 100 mentiras”. Hablaba en la canción de 100 razones para no cortarse de un tajo las venas o, mejor dicho, 100 RAZONES PARA VIVIR… Y de ahí salió esta reflexión.Sí señor, me propuse encontrar mis 100 razones para seguir vivo (que nadie se asuste, nunca he pensado en cortarme ninguna vena). Pero la vida puede ser más bella todavía si nos ponemos a pensar en esos 100 motivos para vivir. Son 100 razones tan válidas como cualquier otras 100. Pero estas 100… son válidas para mí. Me dan más ilusión para seguir viviendo.

¿Entonces? ¿Cuáles son mis 100 razones para vivir?, ahí van:

  1. Amar
  2. Hacer el amor
  3. Sentirse querido, cada día… Imprescindible.
  4. Encontrarse a uno mismo. Hay una verdadera mina dentro de cada uno de nosotros y tenemos toda una vida para descubrirla, para desarrollarla.
  5. Descubrir la bondad de la gente. Creo que todas las personas la tienen, incluso las que parecen más malas.
  6. Aprovechar esta vida para  cambiar, un poquito, el mundo, aunque sólo sea aportando mis dos granitos de arena.
  7. Mi familia. Mi madre, mi padre, mi hermano, mi hermana. Me necesitan. Los quiero. Me quieren. Los necesito.
  8. Trabajar como pediatra, el trabajo más bello del mundo. Algo que me hace venir feliz cada mañana. Podría dejar de esquiar, de correr, de viajar... pero nunca podría dejar esta profesión. Es la mejor profesión par amar. Da sentido a mi vida.
  9. Intentar ser el mejor médico que pueda llegar a ser, tanto en lo científico como en lo humano. Mis padres hicieron en su día un gran esfuerzo por darme toda la formación posible, tanto humana como académica. Es lo menos que puedo hacer en agradecimiento.
  10. Enseñar... Disfrutar con la docencia igual que vi disfrutar a los que me enseñaron. Enseñar pediatría a los residentes, a una madre a dar el pecho,  a otros sanitarios a saber reanimar a un niño que se para... y también aprender enseñando.
  11. Escuchar música miles de veces durante la vida. Sentir cómo uno flota. Notar como el corazón se abre en cuanto tus oídos oyen las primeras notas de esa pieza de piano… Todos los corazones se abren con la música. Casi todas estas líneas están escritas con música…
  12. Inspirarme con esa música y con sus letras. Como esas preciosas líneas de Serrat: “Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así. Aprovecharlo o que pase de largo depende en parte de ti… … No dosifiques los placeres, si puedes derróchalos. Si la rutina te aplasta dile que ya basta de mediocridad… …. Hoy puede ser un gran día, imposible de recuperar. Un ejemplar único, no lo dejes escapar. Que todo cuanto te rodea lo han puesto para ti. No lo mires desde la ventana y siéntate al festín. Pelea por lo que quieres y no desesperes si algo no anda bien. Hoy puede ser un gran día… y mañana también.
  13. Y un día… encontrarte con “ella” en un concierto sin esperarlo.
  14. Reír, reír sin parar, a carcajadas. Soltar una gran carcajada si lo sientes.
  15. Hacer reír a un amigo/a que esté triste. Y si consigues sacarle una carcajada, aún mejor.
  16. Llorar… Llorar cuando haga falta, lo que haga falta. Lo necesario para sentir lo que haya que sentir… para luego poder volver a sonreír.
  17. Sentir… Sentirse vivo. No sentir que se nos pasa la vida dormidos.
  18.  Educar... Educar con el ejemplo, a tus hijos, a otros niños. Eso nos obliga a esforzarnos a ser mejores personas. Sólo así educaremos bien con el ejemplo. Los niños imitan lo que ven.
  19. Ver la magia y la inocencia en la mirada de los niños. Esa mirada inquisitiva de querer abarcarlo todo, de querer aprender sin parar, de inmensa alegría e ilusión en todo lo que hacen. Ojalá aprendiéramos todo eso de ellos.
  20.  Pensar que la vida no se termina… hasta que se termina… y que hay tanto por hacer, por disfrutar hasta que llegue ese día...
  21. Leer... Disfrutar leyendo un buen libro... o dos... o doscientos… o dos mil.
  22.  Pasear descalzo por una playa eterna, sin nadie, quizás en el Delta del Ebro… Tumbarte y escuchar las aves, las olas, la brisa del mar… Cerrar tu libro y los ojos e imaginarte lo que quieras… A una princesa caminando por esa playa.
  23.  No llorar por no ver el sol. Tumbarte también de noche en un campo bajo un cielo lleno de estrellas… y quizás ver una estrella fugaz… y desear que se cumpla tu sueño.
  24.  Disfrutar de la intimidad… Recrearse. Por las noches, susurrar cerca de su oído todo aquello que durante el día no le has podido decir. Disfrutar de esos momentos de intimidad juntos, cuando la ciudad ya duerme. Hablarle tan cerca y tan bajito que ni una mosca se entere. Eso no se paga con nada y no se consigue en 2 días, ni en 10.
  25.  Que te despierte por la mañana con un beso muy suave en el cuello… o con el olor a café recién hecho. El olor del hogar…
  26.  Despertarle a ella con una música suave que llene el aire de la casa una mañana de domingo, cuando el sol ya invade las habitaciones. Que los niños ese día duerman hasta tarde…
  27.  Bailar… Suelto y con ritmo… o lento, agarrado, pegado a ella... o en un vals en la boda de tu hermana… o en tu propia boda.
  28.  Sumergirte en las aguas de una piscina, de un río, de un lago, de un océano… o de tu bañera (aunque yo no tengo bañera...).
  29.  Sentir algo tan intenso (una canción, una escena de una película) que se te ponga la piel de gallina… incluso cuando hace 40ºC afuera.
  30.  Ver esa emoción en los ojos de un niño cuando pasan los Reyes en la Cabalgata. Todos nos lo creímos durante un tiempo, verdad?
  31.  Ver a mi hermano, con más ilusión y sentido del humor que nadie. Aprender la lección.
  32.  Ver a mi madre, cada día más guapa y sonriente. Sobre todo cuando lea esta línea.
  33.  Valorar cada día toda la educación que recibiste y todas las horas que dedicaron tus padres a ti (y que dedican). Que no haya sido en balde.
  34.  Asistir a un parto en una guardia. Ver que el niño llora. Ver que la madre llora. Ver que el niño deja de llorar tras ponerlo piel con piel con su mamá. Ver que, entonces, es el papá el que llora.
  35.  Pensar que algún día serás padre (o madre).
  36.  Amamantar a tu hijo (eso vosotras) o... para ellos, ver feliz a tu mujer amamantando a vuestro hijo. Aunque los chicos también podemos ponernos a un bebé piel con piel (bueno, con piel y pelos, claro, como también lo hacen los gorilas... en la niebla).
  37.  Viajar… viajar…. y viajar… física y también mentalmente, en el espacio y también en el tiempo… Este último viaje es, además, gratis.
  38.  Dejar que el amor guíe tu vida, no el egoísmo.
  39.  Quererte más que a nadie en el mundo. Lo necesitarás para querer a otros.
  40.  Aprender a hablar otros idiomas, otras formas de comunicación.
  41.  Aprender de una vez a cocinar... A ella le gustará.
  42.  Que te suene el busca de la guardia y que no sea porque hay un niño con fiebre, sino porque tus residentes te llaman para bajar a cenar contigo. Gracias chicos/as!
  43.  Ver que sí existe gente generosa, altruista, gente buena.
  44.  Aprender algo cada día. Aprender de todos, de todo. Mejorar.
  45.  Aprender a saber perder.
  46.  Disfrutar de los éxitos y, más importante, aprender de los fracasos.
  47.  Aprender a saber perdonar.
  48.  Saber que aunque estemos en verano y disfrutemos de estos gloriosos días largos… todo cambia… y saber que también volverá a nevar.
  49.  Pasar con tus esquís por encima del mismo lago cubierto de nieve en el que unos meses antes te bañaste.
  50.  Volver a ver esa película que tanto te emociona. Y traerte a alguien para que la vea contigo.
  51.  Emborracharte alguna vez, siempre en buena compañía.
  52.  Dar gracias al final de cada día y dormir en paz, duermas solo o acompañado.
  53.  Ser feliz siendo tú mismo y no otro que los demás quieran que seas. Imprescindible.
  54.  Sentirte tranquilo contigo mismo cada día que pasa. Esto sólo es posible diciendo siempre lo que sientes, lo que piensas, sea o no  del agrado de los que te escuchan. La sinceridad proporciona tranquilidad interior, otra razón para vivir a gusto cada día.
  55.  Sentirse, cada día más joven por dentro. Pero añadiendo a esta “juventud mental” la experiencia de la vida que pasa, ese marco de referencia de nuestra propia existencia que nos enriquece cada día que vivimos. Somos “de mayor” más conscientes de nuestra juventud, (como una forma de vivir, de vivir con ilusión) que el joven en años que, sin perspectiva de la vida, casi ni se entera de que es “joven”.
  56.  Otra razón más para vivir es pasear por tu ciudad y, alguna vez, ver que por la otra acera, camina una Princesa olvidada o desconocida... Quizás la Princesa Deletrea de Eritrea a la que se le van cayendo las letras mientras camina… o las hermanas  Princesas musicales Dorremí o Fasolá… o la bailarina Princesa Zulú Zazú que camina como volando sobre el suelo… o la Princesa Katapum, que se tropieza por todos lados… o la Princesa Varaseca, que camina derecha como una “i”… o a la Princesa Plisplás Noloverasmás que se desliza en silencio, sin que nadie la atrape… o a la Princesa Pitonisa, que ve muy lejos, a veces incluso hasta el día siguiente… o la Princesa Desconocida que, sin embargo, existe… o la princesa Amnesia que se olvida de todas sus citas o acude el día equivocado… o la princesa Liliana de la Selva que luce un vestido de piel de leopardo y busca a un príncipe sin vértigo que le acompañe de rama en rama… o la Princesa de las Arenas que se desplaza al capricho de los vientos… o a las inseparables Princesas siamesas Ding y Dong o la Princesa Tacatá, que todavía necesita ayuda par aprender a andar…
  57.  Más razones… Pues escuchar a los violinistas que tocan tan bien a Mozart en las puertas del Corte Inglés. Otra vez la música, que abre el corazón...
  58.  El deporte… Volver a ver y a vivir el gol de Nayim en la Recopa…  cuando todos gritamos oooeeeoooeeehhh!!! Recordar los amigos y familiares con los que compartiste ese momento.
  59.  Recordar ese gol que metiste en el colegio en el último minuto y que salvó al equipo de tu clase.
  60.  Recordar el primer beso que diste.
  61.  Y la primera bofetada que te dio una chica.
  62.  Pensar... ¿Cuándo daré el próximo beso? ¿y a quién??
  63.  Recibir en tu móvil ese mensaje de alguien especial. Especial para ti.
  64.  Saber que, algún día, “ella” te elegirá.
  65.  Pensar que quizás, ni siquiera la conozcas todavía…
  66.  Correr por el parque con música en tus oídos o quizás correr por el Pirineo, con el sonido de los pájaros, del viento o de la lluvia...
  67.  Dormir en una tienda de campaña una noche de tormenta y notar el sonido de las gotazas golpeando en la lona como una ametralladora.
  68.  Conducir con música al hospital y aprovechar ese tiempo para pensar, para flotar, para viajar mentalmente.
  69.  Saborear un buen vino, una buena cerveza, una buena comida… con gente que te quiere.
  70.  Brindar hace unos días con mi padre, mi madre y mi hermano por el nacimiento de nuestra primera sobrina. Y ver que mi hermano brinda cogiendo la copa con su propia mano, como si nada hubiera pasado.
  71.  Poder fotografiar momentos increíbles. Guardar ese instante, esa imagen, esa centésima de segundo, para siempre. Poder volverla a ver una y mil veces. Recordar… qué bello fue ese momento… y yo estuve allí!!
  72.  Intentar hacer un poquito de arte con una cámara de fotos.
  73.  Sentir a Dios cuando recorres el Pirineo en invierno con tus esquís.
  74.  Notar cómo cruje la nieve dura por la mañana bajo las puntas afiladas de tus crampones. Desear que se reblandezca luego para bajar esquiando por esa misma ladera.
  75.  Navegar, con tus esquís sobre el manto blanco como su fueras un velero sobre el mar. O navegar con un velero blanco sobre el mar azul…
  76.  Poder dejar el móvil “en silencio” y echarte una siesta en el sofá poco después de comer. Paz en tu corazón… paz necesaria… esa hora es tuya. Zzzz...
  77.  Sentir la tranquilidad y la felicidad de poder confiar ciegamente en tu pareja.
  78.  Saber que ella te quiere, con sólo ver cómo te mira, cada día.
  79.  Ver a mi padre bailar el primer vals con mi hermana, el día de su boda y verles a ambos esa mirada de felicidad. Y verlos en las fotos que les hice, cada vez que quiera.
  80.  Encontrar estímulos para seguir escribiendo tanto “La meteo que viene” como estas reflexiones sobre la vida. Tener al otro lado personas que las están esperando y que te animan cada día, con sus mensajes, a seguir escribiéndolas. Gracias.
  81.  Poder decir gracias a alguien que te ha ayudado. El agradecer la ayuda, siempre alegra al que la da.
  82.  Enamorarte... Cada día.
  83.  Recordar, en los momentos más duros, que Dios provee...
  84.  Saber que no hay nada imposible, salvo la muerte. Pensar en la reversibilidad de las cosas, por muy mala pinta que tengan. Todo puede cambiar a mejor.
  85.  Pensar que la vida da mil vueltas... Si estás en las vueltas buenas, disfrútalas e intenta no perder esa buena órbita. Si estás en las malas, saber que tienes otras 999 vueltas distintas y que muchas de esas serán buenas.
  86.  Tener fe...
  87.  Estudiar... Estudiar música, poesía, arte, cómo interpretar un buen cuadro, historia, el cuerpo humano, medicina, las distintas culturas, tantas cosas... aunque nunca habrá tiempo para todas...
  88.  Buscar inspiración en frases como ésta de  Henry David Thoreau: “Fui a los bosques porque quería vivir a conciencia, quería extraer todo el meollo a la vida, dejar de lado todo lo que no fuera la vida para no darme cuenta en el momento de la muerte, que no había vivido
  89.  Casarte sólo por amor... Y tener el valor de no casarte si no hay amor.
  90.  Evitar, en la medida de lo posible, la mediocridad. Hacer las cosas bien, grandes o pequeñas, pero hacerlas bien. Poner ilusión en todo lo que haces, incluidas las cosas más pequeñas.
  91.  Valorar los pequeños detalles de cada día.
  92.  Disfrutar de poder ver, cada día en tu trabajo (pediatría) el amor más alto que existe, el de una madre hacia un hijo. Es un amor que no hay que hacer nada para merecerlo ni hay nada que lo pueda echar a perder. Las madres lo dan todo por el hijo (sea un sol o un demonio), horas y horas en el hospital, en vela, cuidando de ellos.
  93.  Formarte… Ir a congresos y cursos de pediatría y comprobar que, en otros muchos sitios, hay también muchos pediatras enamorados de su trabajo que, incansables, forman y se forman para ser mejores cada día.
  94.  Notar el sol de invierno en tu cara, su calor, tan deseado en esos días cortos y fríos.
  95.  Ver entrar por la puerta de la consulta a un niño que viste enfermo unos días antes en urgencias y ver que se está curando. Sentirte satisfecho. Aprender de cada caso, cada día. Ver la satisfacción de los padres y su confianza en ti. Proporciona felicidad.
  96.  Pensar que todas las cosas buenas que hagas en esta vida podrán tener repercusión en generaciones por venir, aunque tú nunca te enteres de ello. El bien que hoy has hecho a alguien puede transmitirse a otros, que se beneficiarán más adelante, sin que ellos sepan dónde empezó todo (y sin que tú sepas el alcance de tu buena acción). Y eso le da magia a la vida…
  97.  Saber que estas 100 razones se me ocurren a mí, pero que para mucha otra gente, habrá otros cientos de otras razones para vivir que, seguramente, también lo serán para mí.
  98.  Pensar que “ella” esté leyendo ahora esta frase. Que ha llegado leyendo hasta aquí...
  99. Tener la suerte de haber nacido.
  100. La última os la dejo a cada uno de vosotros.
Jorge
15/07/2007 14:02 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 73 comentarios.

CÓMO CONQUISTAR A UNA MUJER

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Cómo suena de pretencioso el título de esta reflexión, verdad?

A los hombres que lean esto con la ilusión de encontrar la fórmula mágica ya les adelanto que no la van a encontrar en estas líneas. 

        ¿Cómo conquistar a una mujer? Ni yo lo sé. Imposible desvelar en unas pocas líneas este gran misterio de la vida y reto para tantos hombres... Cada mujer es distinta y unas quieren lo que otras no pueden ni ver. Las hay románticas (muchas), prácticas, .... Unas quieren amor, otras un buen padre para sus hijos, otras alguien que les haga sonreír cada mañana, otras alguien que sientan que les protege, otras dinero o poder  (esas, cuanto más lejos, mejor).

         Creo que, en general, es ella la que te elige. Te elige para que luego tú la conquistes. La elección es previa a tu decisión de conquistarla. Ella te observa, reflexiona y decide... “Este chico me gusta”. La decisión ya la ha tomado. Es evidente. Uno ha estado intentándolo de mil maneras sutiles con chicas que nunca se mostraron receptivas. Tras un tiempo prudencial, uno, con educación, se retiraba con las orejas gachas, sin hacer mucho ruido, a la espera de otra oportunidad futura con otra chica. Por el contrario, en otras ocasiones, sin hacer casi nada, ella ya está “prendada” de ti.... Y uno se pregunta... ¿Pero si no he hecho nada??Y es que no es bueno forzar las cosas. Si le gustas como eres, vendrá a ti. Si no, es como darse con una pared. Ser natural será siempre nuestra mejor arma, pues luego no tendrá uno que esforzarse en seguir siendo alguien que no es para seguir gustándole. Si le gustas como eres, entonces todo fluirá de forma natural.

         Entonces, volviendo a la frase “Cómo conquistar a una mujer”, podríamos aplicar la teoría de que tienes que gustarle antes de que ella note que ella te interesa... ¿Y cómo se hace eso? ¿Y por qué pienso así?. Pues bien, esta teoría (que puede estar perfectamente equivocada, aviso) la baso en la película “El día de la marmota” (o “Atrapado en el tiempo”), de Bill Murray y Andi McDowell. En esa película, él está atrapado en el tiempo. Siempre levantándose el mismo día en un pueblecito de EEUU donde han ido a hacer un reportaje en pleno invierno (Él trabaja como hombre del tiempo para la tele. Ella es la que le entrevista cada mañana, en ese reportaje). A Bill Murray le gusta Andi McDowell. Así, él aprovecha cada día (siempre el mismo día para él, pero un único día para ella) para intentar conquistarla. Aprende cada día sus gustos, sus fantasías. La interroga cada día, la estudia y la estudia. Se convierte en un reto. Aprende a tocar un instrumento musical, algo que ella valora mucho en un hombre. Aprende a recitarle versos en francés, le comenta una escena especial de su película favorita que, por supuesto, es la misma que le gusta a ella. Hace de todo para conquistarla. Detalles, chocolate, mismos gustos, opiniones... Pero nada. Al final de cada noche, cuando él se acerca a besarla, recibe siempre una solemne bofetada en la cara... Y a la mañana siguiente vuelve a despertarse como si nada hubiera pasado, en el mismo día. Pero él recuerda todos los días. Sólo él, que revive ese mismo día sin cesar.

         Total, que empieza a desistir. Pero empieza a ser un hombre feliz. Está enamorado de ella pero no quiere más rechazos. La quiere de verdad como nadie la ha querido. Y ¿por qué? Porque la conoce como nadie la habría podido conocer. La ha visto en mil situaciones cotidianas y ella siempre es “ella”, mágica, natural, sincera, sin disimular nada, encantadora, llena de ilusión, de bondad, de inteligencia, y con carácter. Él la quiere tanto... la conoce tan bien... Y así, la deja en paz. Y empieza a valorar las ventajas de vivir siempre el mismo día. Aprende a tocar el piano, a esculpir en hielo, a hacer tantas cosas... Además, sabe todo lo que va a ocurrir!! Y así, cada día, salva al niño que a las 18:23 se cae de la rama de un árbol, salva la vida de un señor que se atraganta en un restaurante a las 19:35 con una eficaz maniobra de Heimlich, cambia la rueda pinchada del coche de unas ancianas que pinchan en un lugar que él ya sabe, a la hora que él ya sabe, etc... Se dedica a cultivarse, a aprovechar su ventaja y a ayudar a los demás. Porque sabe todo lo que va a ocurrir ese día en ese lindo pueblecito. Empieza a adorar ese pueblecito que antes sólo odiaba, comparándolo con una cárcel de la que no podía escapar.

         Así pues, uno de esos días, tras haber dado por la mañana un emotivo discurso sobre “el tiempo” ante las cámaras, mientras ella, sorprendida, le entrevistaba. Después de haber salvado todas esas vidas, Bill acude por la noche al festival que organiza el pueblo. Allí, todo el mundo le agradece sus acciones y él disfruta de la amistad creada con toda la gente del pueblo. Ella lo ve. Le ve tocar el piano eléctrico en la fiesta, le ve tan radiante conversando con la gente, tan humilde, abierto a los demás, irradiando tanta felicidad, tanta comunicación.... Ella, sorprendida por pensar de él como un ligón, empieza a cambiar de opinión. Entonces, durante ese festival, se hace una subasta benéfica y le sacan a él al estrado. La mujer que puje más por él se lo habrá ganado como compañía esa noche. Decenas de mujeres, que lo conocen por sus obras en ese maravilloso día, empiezan a pujar: 100 dólares!, 120 dólares!, 150 dólares!, 200!!, 250!!... Entonces ella saca su libreta de ahorros, la levanta sobre las cabezas de la multitud que llena la sala y, en un momento de esos que emocionan, grita en la sala: “1.358 dólares con 78 centavos!!” Y ella lo consigue... 

        Esta es una teoría como tantas otras y, para nada la acertada, pero es la que saqué como conclusión de esa película tan romántica: Sé tú mismo. Sé la mejor persona que puedas ser. Disfruta de la vida al máximo con las personas. Disfruta de la felicidad compartida con los demás. Vive la vida con ilusión y comparte tu ilusión con los que te rodean. Disfruta de cada minuto de tu vida. Si ella merece la pena para compartir contigo de esa felicidad, ella te elegirá. Ellas deciden. Ellas nos devuelven luego la felicidad, cada día.

Porque en verdad, la felicidad que uno irradia, también se debe en parte a pensar que, algún día, ella te elegirá… 

        Jorge

11/07/2007 07:36 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 6 comentarios.

LA MIRADA ES EL ESPEJO DEL ALMA

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           Cuando yo era pequeñito debía de ser un horror de niño, con una mala leche de espanto. Llevaba a mi madre de cráneo. Por el contrario, mi hermanito Pedro, dos años más pequeño que yo, era un encanto. Dulce, siempre con buena cara, tranquilo... Claro, estos caracteres tan distintos se notaban en la expresión que ponía mi madre cuando le llamaba uno u otro hijo. Y, por supuesto, todo niño sabe con qué cara le mira su madre.

         Así pues, una de esas tardes en que Jorgito era como un grano en el culo, íbamos los 2 de la mano de mamá. Subíamos los tres las escaleras de las antiguas Galerías Preciados cuando mi madre notó que el plasta de Jorge no paraba de tirarle de la manga una y otra vez. Debía de llevar yo una de esas tardecitas gloriosas. Por fin, mi madre se volvió y, con una cara de enfado que no os puedo describir, me preguntó: ¿Pero y ahora qué demonios quieres??. A lo que yo contesté muy serio y como implorando: “¡¡¡QUIERO QUE ME PONGAS LA CARA QUE LE PONES A PEDRO!!!”.

         Mi madre enmudeció… Estaba claro, ella no podía disimular la expresión de su mirada al atender al amable y dócil Pedrito y tampoco esconder la sensación de desagrado cada vez que tenía que soportar al demonio de Jorgito... Y eso, los niños lo notan.

         Todos lo notamos. Vemos todo en la mirada. Por eso dicen que los ojos son el espejo del alma.

         Hay miradas que matan, otras que enamoran. Hay miradas que transmiten confianza, ilusión, alegría, amor. Otras reflejan tristeza, desasosiego, intranquilidad, incertidumbre, desesperación. Dice tanto la mirada, la expresión de la otra persona. De hecho creo que lo dice todo... Podemos saber qué piensa el otro sobre lo que le estamos hablando sólo con mirar la cara que pone. Puedo saber si una madre se queda convencida con la explicación que le doy de la fiebre de su niño sólo con la expresión de sus ojos mirándome antes de despedirnos.Pocas cosas hay tan sinceras como la mirada, tan reales, tan auténticas. A buen entendedor, una mirada basta. Cuántos fines de película los anticipamos segundos antes con la mirada de los actores... Sabemos que por fin se van a besar. Sus miradas reflejan todo. Sobran las palabras... 

        Una mujer sabe ver en los ojos de su pareja si le quiere. Incluso puede anticipar segundos antes de que ocurra, que él se va a arrodillar y pedirle ser su mujer para siempre.

         Recuerdo cómo una amiga me describía la mirada del novio a la novia durante una boda de unos amigos suyos. Me contaba cómo veía irradiar en los ojos del novio un amor tan inmenso que salía como una luz cegadora por las vidrieras de la Iglesia. También recuerdo cómo me decía ella que su pareja ya no le miraba con esa mirada.

         Es difícil disimular la falta de amor y muy fácil transmitirlo con los ojos cuando es amor verdadero. No hace falta decir cuánto te quiero. Sólo hay que sentirlo mientras la miras. Nada le hará más feliz a ella que ver esa expresión en tu mirada cada día que paséis juntos. Quiérela y mírala, no digas nada. Ella lo sabrá y, mirándote, verás en sus ojos cómo te contesta: “Yo también te quiero, amor”

         Jorge

07/07/2007 14:22 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 1 comentario.

¿DIRIGIMOS NUESTRAS VIDAS O NO?

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    Este viernes 29 de junio acudí al concierto de Sabina y Serrat con un amigo. El Pabellón Príncipe Felipe estaba lleno a rebosar. Bajamos a la pista y, tras andar unos metros entre la gente, elegimos un lugar donde quedarnos. Había mil caras distintas y ninguna conocida. El concierto estaba a punto de comenzar.

    Entonces “ella” me vio y me saludó. También estaba con una amiga. Con las miles de personas que había esa noche, tuve la suerte o el azar de ir a parar al único rincón donde estaba “ella”, la chica más guapa del concierto.

    ¿Casualidad? ¿Ocurren las cosas por azar? o ¿Causalidad? ¿Ocurren las cosas por algo? Causalidad implica que existe una razón para que algunas hechos ocurran.

    “Ella” y yo comentamos esa feliz “coincidencia” de toparnos el uno con el otro entre tanta gente. Y entre la conversación nos surgió el tema del azar de la vida. ¿Decidimos nosotros qué camino lleva nuestra vida? ¿O más bien la vida nos va llevando y, en su rumbo determinado por otros, vamos sorteando las dificultadas como podemos? ¿Dirigimos nuestras vidas del todo? ¿O sólo en parte? ¿No las dirigimos apenas y es el destino el que nos lleva por el río de la vida sin que podamos hacer nada?

    Para comparar ambas teorías me voy a servir del gol de Maradona contra Inglaterra en el mundial de México 86.

    Para los que no os lo sepáis de memoria, podéis pinchar en la dirección de You Tube que escribo a continuación. En ella se muestran esos segundos de gloria de ese gol histórico.

http://www.youtube.com/watch?v=QKqmGjpeQDE&mode=related&search=

    Maradona coge el balón en su propio campo y, tras regatear a dos jugadores, inicia desde el medio campo la carrera hacia la portería contraria. Marca un rumbo firme, al igual que cada uno de nosotros toma el rumbo que elige para su vida. No sabemos quizás a dónde llegaremos, pero sí el rumbo que queremos llevar. Pero claro, el camino de la vida no se puede trazar con una línea recta. Hay obstáculos, incidencias, adversidades, hechos, que habrá que sortear y que nos harán ir variando el rumbo inicial para poder seguir adelante.

    Así, Maradona va sorteando a cuantos la salen a su paso. Va cambiando de ritmo, ralentiza la jugada ante la llegada de cada jugador. Como así hacemos nosotros en la vida. Nos llega un problema o una situación nueva y nos detenemos un momento a examinarla. Entonces Diego acelera, cambia de ritmo y cambia el rumbo de forma mágica para salvar a cada contrario. Lo mismo nosotros, una vez tomada la decisión, avanzamos con firmeza para llevarla a cabo. Y así, cambiando el rumbo en cada momento, Maradona consigue llegar a su destino, la portería inglesa, salvar también al portero y marcar ese gol histórico. El gol de su vida. El gol de nuestras vidas. En inglés (para más INRI) “goal” significa propósito, meta, fin. El propósito de nuestras vidas.

    En un extremo están los que piensas que en la vida, nosotros somos Maradona. Controlamos casi todo. Van llegando dificultades pero las vamos negociando y mantenemos el rumbo de nuestra vida según la elección previa de cada uno.

    En el extremo contrario están los que piensan que es la vida la que nos dirige. Que nos va llevando el destino de un lado a otro siendo nosotros meros espectadores. En este sentido, nosotros no seríamos Maradona. Seríamos el balón que Maradona (Dios, destino, azar) dirige. En este caso, nos van llevando. Somos un balón manejado por otro. Vamos rodando en la dirección que nos lleva el destino, sin que podamos hacer otra cosa que rodar hasta el final de nuestro rumbo. En este punto de vista, nosotros ni siquiera llevamos el rumbo. La vida lo lleva por nosotros.

    ¿Cuál es el punto de vista acertado? ¿Es algo a mitad de camino entre ambos?

    Mi opinión es que la vida decide qué oportunidades nos va presentando y somos nosotros los que elegimos dentro de ese abanico de posibilidades. Es como cuando vamos a comer de menú a un restaurante. Nos dan a elegir entre 5 primeros y 5 segundos. Nosotros elegimos de entre esas pocas opciones que se nos ofrecen. No nos ofrecen las 5.000 comidas del mundo. Sólo una selección de ellas. De entre ellas, nosotros elegimos la nuestra.

    Pensando así, tanto la vida o azar, como nosotros, formamos parte del destino final de cada uno. No todo está predeterminado. Están predeterminadas una opciones que se nos van a presentar, pero amigos, nosotros somos al final los que elegimos entre esas opciones. Elegimos si nos casamos o  no con esa chica que el azar nos hizo conocer. Elegimos si coger o no esa plaza de Pediatría en Calatayud que salió en un momento en que yo estaba allí. Elegimos si nos vamos o no a Canarias a trabajar cuando hay una oferta de empleo. Esa chica canaria (como la mujer de mi primo Fernando) elegiría si ese chico tan majo era o no con quien quería ella estar. Y aunque esa canaria haya terminado viviendo en Zaragoza, cosa que nunca se habría imaginado y que el azar proporcionó, ella fue al final la que decidiría si seguir o no el rumbo de su vida junto a esa persona.

    Existen miles de almas gemelas para cada uno de nosotros. El destino sólo nos mostrará un ramillete de esas almas gemelas, nunca a todas. Pero nosotros seremos quien decidamos cuál de esas será la mujer con la que queramos recorrer juntos el viaje de la vida. El mejor viaje que existe.

    Jorge

01/07/2007 19:34 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

¿QUÉ OPINAS DE...?

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     El origen de estas reflexiones finales tras “La Meteo que viene” no es otro que el de la necesidad de comunicar sentimientos o formas de ver la vida. Saber que al otro lado hay personas que las están esperando me anima a seguir escribiendo.

En este sentido, siempre me han llamado la atención esas entrevistas que hacen a gente conocida a la que le preguntan sus preferencias en tal o cual tema. A mí, que no soy conocido ni famoso, nunca me han planteado esa lista de preguntas. Así que, esta vez, antes de la próxima reflexión (que prometo interesante y trabajada), suelto sin más, mis respuestas a unas preguntas que me podría estar haciendo una hipotética 3ª persona. Mis preferencias, elecciones, gustos o ideas, tan válidas como cualquier otra. Sólo es mi visión sobre ciertas cosas de la vida de diario.

Empezamos...

¿Una ciudad para vivir?: Zaragoza

¿Una playa? Zarautz...

Una montaña: Sólo una?? Todas las de los Pirineos.

Una profesión: La pediatría. Para mí, el trabajo más bello del mundo.

Un Hospital: El Ernest Lluch de Calatayud

Un maestro: René Sarrat, Catedrático de Anatomía de la Facultad de Medicina de Zaragoza.

Un médico: Mi padre. El mejor traumatólogo que conozco, en todos los sentidos. Con exquisita dedicación a todos y cada uno de sus pacientes.

Una médico: La Dra. Ana Carboné. Lleva los niños con cáncer del Hospital Infantil de Zaragoza. Combina empatía, inteligencia, humor y transmite amor... Todo junto de una forma mágica.

Un equipo de fútbol: El Real Zaragoza

Otro?: El Real Zaragoza

Un gol: El de Maradona contra Inglaterra. (El de la mano de Dios fue con la mano...)

Una mujer: Mi madre. El mejor ejemplo diario.

Un ejemplo de ilusión: Mi hermano

Una afición: La fotografía 

El deporte más bello del mundo: El esquí de travesía

Una comida: Cualquiera en buena compañía

¿Un viaje?: El de la vida. Sobre todo por la gente que te acompaña en ese viaje

¿Un país para viajar?: España. Tenemos tantas cosas maravillosas en un país tan pequeño. Playa, montaña, nieve, sol, parques naturales, desiertos, cultura, historia, arte, vida en las calles... Tenemos el mejor país del mundo

Un país para vivir: España, está claro.

¿La chica más guapa del mundo?: Cada novia que he tenido fue, en su momento, la chica más guapa del mundo.

¿La chica más guapa del mundo en este momento?: Ni idea.

¿Y la chica más guapa de tu hospital?: Una adjuntinina de urgencias que vino de Badajoz.

¿La prefieres rubia o morena?: Que tenga luz en la mirada.

¿Has conocido ya a la mujer de tu vida?: Creo que no.

¿El mejor momento de tu vida?: Está por llegar.

¿Y el peor? No podría responder... Es duro ponerte a pensar en los momentos más tristes de tu vida.

Cualidades que valoras en los demás: Sinceridad, generosidad, sencillez, naturalidad, bondad, empatía, inteligencia.

Cualidades que detestas: La envidia, la hipocresía, la falsedad, el egoísmo.

Lo peor de este mundo: Las guerras, la violencia, la falta de amor.

Lo mejor: El amor. Es lo que hace que el mundo siga funcionando.

¿El amor más alto?: El de una madre hacia sus hijos.

¿Dinero, poder o salud? Elije 2 de los 3: Salud y salud...

¿Amar o ser amado?: Amar, sin duda. El que más ama, más siente.

Un amigo: El que está ahí en los peores momentos.

Un libro: El Principito.

Una película: El Club de los Poetas Muertos. La vida es bella. Amelie...

Un cantante o un grupo de música: Es que hay tantos... Ahora acabo de conocer un grupo llamado Macaco, me encantan sus letras (una mezcla entre Manu Chao y Chambao)

Un momento de paz: La siesta, solo o acompañado.

Un momento de creatividad: Escribir estas reflexiones mientras escucho música.

Un momento de soledad agradable: Correr por el parque con música en mis oídos.

Un momento para pensar: Cada viaje en coche a mi hospital de Calatayud. La música me transporta lejos de la carretera... Muchas reflexiones se crean en esos viajes.

Una razón para vivir: Amar...

Un consejo: Trata a los demás como querrías que te trataran a ti.

Un propósito personal: Aprender a escuchar más (nunca lo mejoraremos lo suficiente)

Una suerte: Haber nacido...

Un agradecimiento: A todos los que, cada día, me dan alguna muestra de amor.

¿Un deseo?: Es que si lo digo no se cumple... 

Jorge

28/06/2007 20:22 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 5 comentarios.

LOS TRES PILARES: SALUD, TRABAJO Y AMOR

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Tres pilares considero importantes tener (o aspirar a tener) en la vida: SALUD, TRABAJO Y AMOR.

Y los pongo en ese orden de importancia. En primer lugar, la salud, que no siempre depende de nosotros. Nos podemos cuidar, pero a menudo nuestra salud depende del azar o de Dios. Cada día que nos levantamos con salud deberíamos dar gracias. No somos conscientes de que ésta puede empeorar bruscamente cualquier día, sin avisar. Luego también puede lentamente volver mejorar...

Una vez que uno recobra la salud, es cuestión de voluntad personal el conseguir un trabajo en la vida. El trabajo no sólo nos da el sustento económico para vivir sino que nos hace sentirnos útiles. Algunos incluso haríamos nuestro trabajo sin apenas cobrar pues da mucho sentido a nuestra vida. Nos proporciona felicidad. Por lo menos a mí.

Una vez ya con salud y con un trabajo que nos haga sentirnos bien, el amor es cuestión de tiempo. Termina por aparecer, tarde o temprano. Y generalmente sin que uno decida cuándo.

No es frecuente tener las tres cosas a la vez pero, con un poco de suerte y fe, a veces, ocurren. Mientras haya salud, cuidaremos y mimaremos las otras dos para perpetuarlas lo más posible. Habrá gente que antepondrá el dinero o el poder a estos tres pilares, pero dudo que eso les de la felicidad a ellos o a los de su alrededor.

Por supuesto, éstas son unas reflexiones personales y no la verdad absoluta. Como bien dice mi amigo Chavi, una misma botella siempre puede mirarse desde distintos ángulos. Y cada punto de vista será válido para cada persona individualmente. Incluso el punto de vista va cambiando en una misma persona en las diferentes etapas de la vida, verdad?

Jorge

22/06/2007 02:03 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 2 comentarios.

SÉ FELIZ SIENDO NATURAL, SIN FORZAR NADA

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     Cuántas madres me dicen que si no “forzaran” a su hijo a comer no comería nada. Que se moriría de hambre. ¿Alguno habéis leído en el periódico que un niño se muera de hambre en este país por dejarle comer según dicte su apetito?

     El niño forzado ve el momento de la comida como un calvario, vomita, llora, etc... Además tiene poco hambre porque en la comida anterior ya le forzaron a comer más de lo que necesitaba. Las madres lo pasan fatal, sin saber que el problema no es del niño (“que no le come”... Pero hay algún niño que sí coma??). El problema es de ella. A todos nos han engañado para comernos ese macarrón de más. “Sólo uno más y ya a jugar, vale Jorgito?”. Jorgito que lleva ya 3 macarrones más de los que necesitaba... Afortunadamente luego uno crece y ya le dejan tranquilo. “Si es que siempre fuiste mal comedor...”.

         Esta pequeña anécdota me sirve para proyectar un mensaje más global sobre la vida: No forzar a nadie a nada. No es natural. 

        No fuerces a un niño a comer. 

        No fuerces a alguien a ser quien no es.

         No fuerces a casarse a alguien que no quiere.

         No fuerces querer gustarle a una chica si no es así. Si no le gustas como eres es porque le gusta otro que es diferente a ti. Lo mismo digo a las chicas. Si van dos detrás de un chico, será él quien decida cuál le gusta más, no ellas o quién lo vio primero. Si cada uno es como es y no fuerza su forma de ser, termina con quien tiene que terminar. Si fuerzas algo no natural, acabará por romperse. 

        No fuerces cambiar el curso de un río. Es así por alguna razón. Forzar a cambiar algo que es no aceptar la vida tal como es. La aceptación proporciona tranquilidad.         No fuerces a nadie a que te diga más veces “te quiero”. Quiérele sin más. Deja que te quiera como el sabe.

         No fuerces a nadie a quedarse a tu lado si quiere irse. 

        No fuerces a nadie a escalar, a esquiar, a nadar. Si lo quiere hacer, lo hará, te llamará para que le enseñes. Si no, si lo ve impuesto, no empezará convencido y menos aún disfrutará. Abandonará.

         Podemos “forzarnos” a nosotros mismos a ser mejores, a estudiar más, a ir a correr al parque, a superarnos en tal o cual disciplina. Pero no deberíamos forzar a otros a hacerlo. Si alguien quiere hacer algo lo hará. Si lo forzamos, dejará de hacerlo en cuanto nosotros ya no estemos allí, porque es algo que habíamos decidido nosotros por él.

         Podemos aconsejar, sugerir, alentar, animar, pero nunca forzar. La felicidad de las personas la dicta la naturalidad. Se necesita paz interior para ser feliz y no se tiene paz interior si uno no hace lo que siente, sin que nadie le fuerce.

         Es como los regalos. Los más sinceros son los que se dan porque a uno le sale, no porque haya que hacerlo cuando llega la fecha de un cumpleaños o un aniversario. El otro día un amigo médico de mi hospital me grabó un CD con música clásica porque sí. Y ahora lo escucho y me inspira mientras escribo estas líneas.

         “Go with the flow” (“Déjate llevar” dice Chambao). Sé tú mismo y, sobretodo, deja a los demás que sean como son. Sin forzar a cambiarles. Es el mejor regalo que les puedes hacer. Y así, siendo cada uno como es, muchos, de forma natural, cambiarán... seguramente a mejor.

         Jorge

22/06/2007 01:32 Jorge García-Dihinx Villanova #. sin tema Hay 2 comentarios.


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