VIVE DEPRISA, MUERE JOVEN

20070928175944-pedro-maria-y-jorge-tal-como-eramos-anos-70.jpg

 

En este mundo de hoy en que vivimos, “peligrosamente” (como el título de la película), podemos agotar nuestra existencia vital sin llegar a vivirla realmente. Así está a punto de sucederle a Ricardo Darín en “El hijo de la novia”, al que un infarto de corazón está a punto de arrebatarle su vida. Ese episodio le hace darse cuenta de la vida que estaba viviendo. La vida de otros, al servicio de otros, corriendo de aquí para allá, siempre corriendo, huyendo... huyendo de quién? De sí mismo. Uno, por más que corra nunca puede dejar atrás a sí mismo. Siempre está contigo, por mucho que corras. Entonces, como no lo puedes dejar escapar, uno se enfrasca en continuas actividades para no estar quieto consigo mismo ni un segundo. Y no paramos de hacer y hacer cosas para no estar a solas con nosotros mismos, con nuestros seres queridos, sin disfrutar de nuestra vida.

            Vida acelerada por los adelantos técnicos, que en vez de ahorrarnos tiempo para nosotros, nos obligan a hacer aún más cosas. Para qué? Para quién? Para enriquecer a los poderosos, que nos utilizan para producir más y más. 

           Antes costaba 3 horas ir de Zaragoza a Madrid. Ahora con el AVE te plantas en 1 h y 20 minutos. Qué adelanto! Qué delicia! Pero... dedicamos la 1 h y 40 minutos ahorrados en dar un relajante paseo por el Retiro? No, hacemos más viajes, más rápido. Más viajes a Madrid, a todos sitios. Praga y Budapest en 4 días, Londres en 48 horas con Ryan-Air. Disfrute de un “rápido” fin de semana en Inglaterra. Haga muchas fotos, para así poderlas disfrutar en la pantalla de su ordenador a la vuelta, ya que, durante su viaje, sólo tendrá tiempo de apretar rápidamente el disparador de su cámara antes de coger el siguiente metro al Tower-Bridge (menos mal que la vuelta completa en el London Eye dura 1 hora, así los turistas pueden por fin sentarse un rato y parar de ir de un lado para otro).

            Correr, ir de aquí para allá, trabajar, trabajar mañana y tarde, no parar... y un día, morir. Y tu vida? Se terminó? De qué servía el éxito externo si no tenías éxito interno? Viste a tus hijos crecer? Jugaste con ellos? Amaste a tu mujer cada día? O serviste a tu país para enriquecer a sus poderosos de arriba, a su presidente, al gerente de tu empresa o de tu hospital? Y tú...? 

           Las madres vuelven a valorar la lentitud de la vida vivida con ilusión cuando ven esa ilusión e inocencia en sus niños. La maternidad (y la paternidad) quizás nos devuelven un significado de la vida que el frenesí de este mundo parece habernos robado. El niño crece despacio (no puede andar o hablar antes del año), con alegría, inocencia, humildad y unas terribles ganas de aprender y absorberlo todo. Creo que el adulto con espíritu joven, lleno de vida, es el que se parece más a esos niños, disfrutando de cada pequeña cosa que conoce, como si fuera la gran maravilla de su vida. En los ojos de todos los niños se puede ver esa ilusión, esa inocencia, esa sabiduría. Por suerte, en los ojos de algunos adultos, también.            Jorge

P.D: Por cierto, los de la foto somos mi hermano Pedro, mi hermana María y yo, sería 1978 o así...

 

27/09/2007 09:05

Comentarios » Ir a formulario

gravatar.com
Autor: Maria Jose

Cuanta razón tienes. Qué gran pelicula "El Hijo de la Novia", una de las mejores frases cuando el padre le hace el tiramisú, y Ricardo Darín extasiado dice "tiene que ser mascarpone". Yo extrapolo ese delicioso postre a la vida real y siempre me digo que para hacer buena masa hay que poner buenos ingredientes. El tiempo y la sencillez de la vida son imprescindibles para ser feliz.

Fecha: 28/09/2007 12:47.



Autor: pm

Me encanta la foto, las expresiones de los niños. Niños de aquellos tiempos en los que el tiempo no corría tan deprisa. ¿O es más bien que para los niños no corre el tiempo como para los mayores? Esa sensación de que se nos acaba el tiempo, quizá porque vamos deprisa a todas partes, sin sentir, sin disfrutar de lo que estamos haciendo. Queremos hacer demasiadas cosas y no saboreamos ninguna de ellas de verdad. Tenemos que parar ese ritmo y sentarnos a contemplar nuestra vida. Día a día. Es fácil de decir, pero luego la vida nos atropella con sus prisas cotidianas... Incluso los niños nos hacen llevar un ritmo frenético: que si los llevo al baloncesto, que si los deberes, que si el ballet los sábados... Los metemos en nuestra rueda de prisas, a rodar y rodar sin parar...

Fecha: 01/10/2007 00:18.


Añadir un comentario




No será mostrado.






Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]